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astelehena, 21 azaroak 2022 10:51
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Apoyar la recuperación psicosocial: la importancia de poner a la persona en el centro
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Guías, documentos técnicos e informes , Documentación
Etiquetas: estigma , investigación , búsqueda bibliográfica , literatura científica , acompañamiento terapéutico , empoderamiento , divulgación , adherencia al tratamiento , apoyo
BÚSQUEDAS BIBLIOGRÁFICAS RESUELTAS | SERVICIO DE REFERENCIA Autora: Mª Rosa Perelló Pardo. Comunicación. Téc. Área de Gestión del Conocimiento que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Durante las últimas décadas, el concepto de recuperación en salud mental ha evolucionado significativamente. Hoy sabemos que recuperarse no significa únicamente reducir síntomas, sino también reconstruir un proyecto de vida significativo, fortalecer las relaciones sociales, participar en la comunidad y recuperar el control sobre las propias decisiones. La evidencia científica más reciente y las principales guías de buenas prácticas coinciden en que los procesos de recuperación mejoran cuando los servicios abandonan modelos excesivamente asistencialistas y avanzan hacia enfoques centrados en la persona, la autonomía y la participación activa. Recuperación: más allá del diagnóstico El modelo de recuperación plantea una pregunta esencial: ¿qué necesita una persona para vivir la vida que desea más allá de su diagnóstico? En una revisión sistemática sobre prácticas orientadas a la recuperación en servicios comunitarios de salud mental, Mousavizadeh y Jandaghian Bidgoli (2023) concluyen que las intervenciones comunitarias favorecen la inclusión social, la independencia, la empleabilidad y la reducción del aislamiento y el estigma. Los autores destacan que fomentar la esperanza y el empoderamiento constituye uno de los pilares fundamentales de la recuperación (Recovery-Oriented Practices in Community-based Mental Health Services: A Systematic Review, 2023). Esta visión coincide con las recomendaciones de la guía «Recomendaciones y buenas prácticas para la atención a las personas con problemas de salud mental» de la Generalitat Valenciana (2023), en la que participó el Creap, que propone una intervención basada en los derechos humanos, la participación activa y la inclusión social. La alianza terapéutica como motor del cambio Uno de los hallazgos más consistentes de la literatura es la importancia de la relación entre profesionales y personas usuarias. Las guías NICE sobre experiencia de la persona usuaria en salud mental (CG136 y QS14) señalan que una atención de calidad debe fundamentarse en la escucha, el respeto a las decisiones de la persona y la construcción conjunta de objetivos. En lugar de dirigir el proceso, los profesionales deben acompañar y facilitar que cada persona defina sus propias metas de recuperación. Este cambio implica pasar de una lógica basada exclusivamente en el control de síntomas a otra orientada a la consecución de objetivos vitales significativos: recuperar relaciones, encontrar empleo, desarrollar actividades de ocio o participar en la vida comunitaria. El apoyo social protege y favorece la recuperación La recuperación no ocurre en aislamiento. Las redes de apoyo constituyen un factor protector clave para el bienestar emocional y la salud mental. Una revisión sistemática y metaanálisis realizada por Hou et al.(2022) analizó la eficacia de las intervenciones de apoyo social en la prevención del suicidio. Los resultados mostraron que las personas que recibían apoyo social directo presentaban una reducción significativa del riesgo de suicidio respecto a los grupos de control (Methods and efficacy of social support interventions in preventing suicide: a systematic review and meta-analysis, 2022). Estos hallazgos refuerzan la necesidad de promover programas que combatan la soledad no deseada, fortalezcan los vínculos comunitarios y ayuden a reconstruir redes de apoyo significativas. Iniciativas recientes como el programa «Creando Nexos» (Lázaro Mateo, 2026), desarrollado por el Creap, parten precisamente de esta evidencia, poniendo el foco en la creación y fortalecimiento de relaciones sociales como elemento central de la rehabilitación psicosocial. El valor del apoyo entre iguales Otro de los enfoques que está ganando protagonismo en salud mental es el apoyo entre iguales, es decir, el acompañamiento realizado por personas con experiencia propia en procesos de recuperación. La revisión sistemática y metaanálisis de Smit et al. (2022), que incluyó a más de 4.000 participantes, concluyó que estas intervenciones favorecen la recuperación clínica y personal, especialmente en aspectos como la esperanza, el empoderamiento y la confianza en las propias capacidades (The Effectiveness of Peer Support for Individuals with Mental Illness, 2022). En esta línea, Víctor González Ayuso, psicólogo investigador del Área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U., señala que el apoyo mutuo constituye un sistema de ayuda recíproca basado en el respeto, la responsabilidad compartida y la experiencia vivida. En su artículo La figura del agente de apoyo mutuo en salud mental (Creap, 2023), destaca que tanto quien ofrece apoyo como quien lo recibe se benefician del proceso, fortaleciendo su autoestima, autonomía y capacidad de afrontamiento. Tecnología como complemento La creciente digitalización de los servicios ha abierto nuevas oportunidades para combatir el aislamiento social. Sin embargo, la evidencia sugiere que las herramientas tecnológicas deben entenderse como un complemento y no como un sustituto de las relaciones humanas. En una revisión sistemática publicada en Aging & Mental Health, Bermúdez Endrino et al. (2026) concluyeron que las intervenciones basadas en tecnologías de la información y la comunicación reducen significativamente la ansiedad y la depresión en personas mayores aisladas socialmente, aunque su efecto sobre el aislamiento social es limitado (Efficacy of technology interventions in preventing depression among older adults experiencing social isolation: a systematic review and meta-analysis, 2026). Este hallazgo recuerda una cuestión fundamental: las videollamadas, aplicaciones o plataformas digitales pueden facilitar el contacto, pero la participación comunitaria y la construcción de vínculos reales siguen siendo elementos insustituibles en los procesos de recuperación. Fuente de la información Búsqueda bibliográfica resuelta por el Creap sobre «Apoyo en el proceso de recuperación psicosocial» Referencias citadas Bermúdez Endrino, L. M., Berral García, A., Gómez Peña, B., Uclés-Torrente, M. M. y Aparicio-Martinez, P. (2026). Efficacy of technology interventions in preventing depression among older adults experiencing social isolation: a systematic review and meta-analysis. Aging & Mental Health.https://doi.org/10.1080/13607863.2025.2585501 Hou, X., Wang, J., Guo, J., Zhang, X., Liu, J., Qi, L. y Zhou, L. (2022). Methods and efficacy of social support interventions in preventing suicide: a systematic review and meta-analysis. Evidence-Based Mental Health.https://doi.org/10.1136/ebmental-2021-300318 Mousavizadeh, S. N. y Jandaghian Bidgoli, M. A. (2023). Recovery-Oriented Practices in Community-based Mental Health Services: A Systematic Review. Iranian Journal of Psychiatry. https://doi.org/10.18502/ijps.v18i3.13013 Smit, D., Miguel, C., Vrijsen, J. N., Groeneweg, B., Spijker, J. y Cuijpers, P. (2022). The effectiveness of peer support for individuals with mental illness: Systematic review and meta-analysis. Psychological Medicine.https://doi.org/10.1017/S0033291722002422
asteazkena, 12 abuztuak 2026 08:34
Intervenciones eficaces para reducir el estigma en salud mental
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Salud Mental
Etiquetas: intervención comunitaria , estigma , factores sociales , empoderamiento , inclusión social , bienestar , apoyo , sensibilización
ESTIGMA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autor: Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. El estigma asociado a los problemas de salud mental sigue siendo una de las principales barreras para que muchas personas puedan participar plenamente en la sociedad. Afecta al acceso a la atención sanitaria, dificulta las relaciones sociales y limita el ejercicio de derechos básicos, especialmente en el caso de las personas con trastorno mental grave. Este estigma no solo se manifiesta en opiniones o actitudes individuales, sino también en normas sociales, mensajes de los medios de comunicación y en el funcionamiento de las propias instituciones. Por eso, para reducirlo de forma eficaz, es necesario poner en marcha intervenciones específicas, sostenidas en el tiempo y basadas en la evidencia científica, que ayuden a cambiar lo que la sociedad piensa, siente y hace en relación con la salud mental. La investigación internacional señala tres grandes tipos de estrategias para combatir el estigma. Aunque se presentan por separado, lo más habitual es que se combinen dentro de programas más amplios: las intervenciones basadas en el contacto social, las intervenciones educativas y las acciones de protesta o activismo social. Intervenciones basadas en el contacto social Las estrategias basadas en el contacto parten de una idea sencilla: conocer de cerca a las personas reduce los prejuicios. Cuando existe un contacto positivo y respetuoso entre personas que no han tenido problemas de salud mental y personas con experiencia propia, disminuyen el miedo, los estereotipos y la distancia social. En el ámbito de la salud mental, estas intervenciones permiten mostrar que detrás de un diagnóstico hay personas con historias, capacidades y procesos de recuperación diversos. La evidencia científica indica que el contacto social es una de las formas más eficaces de reducir el estigma. Existen dos formas principales de contacto: el contacto directo y el contacto indirecto. Contacto directo El contacto directo se produce cuando hay encuentros presenciales entre un grupo concreto —como alumnado, profesionales, empleadores o ciudadanía— y personas con experiencia en salud mental. Programas desarrollados en distintos países han demostrado que este tipo de encuentros mejora las actitudes, reduce el miedo y favorece una mayor inclusión social. Sin embargo, también se ha observado que, si la persona que comparte su experiencia es vista como una “excepción”, el impacto puede ser menor. Por eso es clave mostrar experiencias variadas y realistas. Contacto indirecto El contacto indirecto no requiere encuentros presenciales. Incluye formas de acercamiento a la experiencia de la salud mental a través de: testimonios en vídeos o documentales películas y series campañas en redes sociales relatos personales difundidos en medios digitales Este tipo de contacto resulta especialmente útil para llegar a un gran número de personas y ha sido muy utilizado en campañas de sensibilización a nivel nacional. Los testimonios bien construidos, centrados en la vida cotidiana y la recuperación, ayudan a generar empatía y a desmontar ideas preconcebidas. Tanto el contacto directo como el indirecto son más eficaces cuando se dirigen a públicos concretos y forman parte de estrategias más amplias y continuadas. Intervenciones basadas en la educación Las intervenciones educativas buscan mejorar el conocimiento sobre salud mental y corregir información errónea que alimenta el estigma. Pueden adoptar muchas formas: charlas, talleres, materiales divulgativos, vídeos, cursos online o campañas informativas en redes sociales. S u objetivo principal es ofrecer una visión más realista y basada en la evidencia, explicando qué son los problemas de salud mental, cuáles son los procesos de recuperación y qué papel juegan el entorno y los apoyos sociales. Las estrategias educativas suelen mejorar el conocimiento y las actitudes, especialmente a corto plazo. No obstante, los estudios muestran que su efecto es mayor cuando se combinan con el contacto social, ya que la información por sí sola no siempre produce cambios duraderos en el comportamiento. Acciones de protesta y activismo social Las estrategias basadas en la protesta y la incidencia social tienen como objetivo denunciar públicamente las injusticias, la discriminación y los mensajes que refuerzan el estigma. Estas acciones ponen el foco en prácticas sociales, institucionales o mediáticas que vulneran los derechos de las personas con problemas de salud mental. Aunque estas estrategias han sido menos estudiadas en términos de cambio individual de actitudes, desempeñan un papel importante en la transformación de normas sociales y en la defensa de derechos. Si se utilizan de forma aislada pueden generar rechazo, pero combinadas con educación y contacto social contribuyen a cambios más profundos y sostenidos. Un enfoque conjunto y centrado en las personas La evidencia actual señala que las intervenciones más efectivas son aquellas que combinan distintos enfoques y cuentan con la participación activa de las personas con experiencia vivida en salud mental. Su implicación no solo aumenta la eficacia de las acciones, sino que refuerza el mensaje de que la salud mental es una cuestión de derechos, inclusión y ciudadanía. Nuevo Curso del Creap: Comprendiendo y abordando el estigma en personas con personas con problema de salud mental. El estigma asociado a los problemas de salud mental constituye uno de los principales obstáculos para la recuperación, la inclusión social y el pleno ejercicio de los derechos humanos. Este curso que imparte el Creap a través de la Plataforma de Teleformación del Imserso ofrece un análisis riguroso y actualizado del estigma como fenómeno complejo y multidimensional, abordando sus efectos a nivel personal, social y estructural, así como las intervenciones más eficaces para su reducción. A lo largo del curso se examina cómo el autoestigma afecta a la autoestima, la motivación, el bienestar psicológico y la participación activa de las personas en sus propios procesos de recuperación, reforzando dinámicas de autoexclusión y dificultando la búsqueda de apoyo. Asimismo, se analizan los impactos del estigma público o social, que se manifiestan en forma de discriminación, aislamiento y restricción de derechos en ámbitos clave como el empleo, la educación, la vivienda y la atención sanitaria. El curso también profundiza en el estigma estructural, evidenciando cómo leyes, políticas públicas y prácticas institucionales pueden perpetuar desigualdades a través de modelos asistenciales insuficientes, barreras educativas y laborales, y limitaciones en el ejercicio de la autonomía y la capacidad jurídica. En una segunda parte, el programa aborda las intervenciones basadas en la evidencia para la reducción del estigma, poniendo especial énfasis en: las estrategias de contacto social (directo e indirecto) las intervenciones educativas orientadas a desmontar mitos y creencias erróneas y las estrategias de protesta e incidencia social para la defensa de derechos y el cambio de normas sociales El curso destaca la importancia de combinar estos enfoques de manera coherente y adaptada a los contextos culturales e institucionales, tal y como señalan las principales iniciativas internacionales recogidas en la literatura científica y en el informe de The Lancet. Dirigido a profesionales del ámbito sanitario, social, educativo y comunitario, este curso proporciona herramientas conceptuales y prácticas para promover procesos de recuperación integrales, basados en la dignidad, la participación activa y la inclusión social de las personas con experiencia en salud mental. Contenido relacionado Teleformación Creap 2026 Recibe la información de los próximos cursos
ostirala, 24 apirilak 2026 09:33
Maternidad en mujeres con problemas graves de salud mental
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , estigma , acompañamiento terapéutico , medicación , empoderamiento , bienestar , rehabilitación psicosocial , divulgación , tratamiento , perspectiva de género
Autora: Natalia Enguídanos Plasencia. Alumna en prácticas en el Área de Atención Directa en el Creap (octubre 2025-enero 2026) del Grado de Psicología de la Universitat de València. Introducción La maternidad supone un impacto trascendental en la vida de toda mujer. No solamente en términos biológicos, sino también a nivel emocional, social y psicológico. Supone una reestructuración total del rol provocando cambios en la identidad personal, en las prioridades, responsabilidades y expectativas sociales. Si este periodo supone un reto para cualquier mujer, es de vital importancia realizar un acompañamiento más específico y continuado si existe un diagnóstico previo de salud mental. Diversos estudios estiman que entre el 30% y el 60% de las mujeres con problemas de salud mental graves son madres, lo que subraya la importancia de diseñar apoyos adecuados durante el embarazo y posparto para estas mujeres. La maternidad es un periodo de especial sensibilidad emocional. En mujeres con problemas de salud mental graves puede agravarse el riesgo de descompensación, por lo que las guías clínicas recomiendan un seguimiento y una planificación previa del tratamiento. Recomendaciones farmacológicas Actualmente, las guías clínicas no recomiendan la suspensión del psicofármaco durante el embarazo o posparto, sino una toma de decisiones individualizada haciendo un balance entre los riesgos y beneficios. No obstante, sigue existiendo un miedo al riesgo teratogénico por parte de las madres que las lleva a la suspensión de la medicación durante la época gestacional. Esta supresión de la medicación puede ser perjudicial tanto para la madre como para el hijo. La evidencia científica no recomienda la suspensión puesto que el riesgo de recaída grave puede ser mayor que el riesgo farmacológico hacia el feto. Por este motivo es fundamental ofrecer información clara y rigurosa que facilite la toma de decisiones compartida. Estigma persistente Más allá de la dimensión clínica, muchas mujeres con diagnósticos de salud mental se enfrentan a un estigma persistente que cuestiona su competencia materna. Estas mujeres se enfrentan a un estigma institucional que puede derivar incluso en la retirada de la custodia. Esta mirada condiciona también la percepción social y refuerza prejuicios profundamente arraigados. Además, la idea social de la “buena madre” genera una presión constante que lleva a muchas mujeres a juzgar su propio proceso de maternidad, cayendo en comparaciones y desarrollando sentimientos de insuficiencia. En mujeres con trastorno mental grave, este relato se suma al estigma propio del diagnóstico, lo que facilita un autoestigma especialmente intenso. Consecuentemente, estas mujeres pueden dudar de sí mismas como madres, sentir que pierden el control de su rol materno y de su salud mental. Este autoestigma también influye en la menor búsqueda de ayuda, principalmente por miedo a ser juzgadas o castigadas. Por ello, más que centrarnos únicamente en los factores de riesgo, resulta fundamental promover un apoyo especializado durante el embarazo y el posparto, una buena coordinación entre los servicios de salud mental y sociales, y programas que refuercen el vínculo entre madre e hijo. Intervenciones especializadas Sin embargo, en España, las intervenciones especializadas para este colectivo siguen siendo escasas. La evidencia señala que los programas más eficaces combinan tratamiento del trastorno mental grave, apoyo al rol materno y trabajo con la familia. Las terapias psicológicas más avaladas son la Terapia Cognitivo Conductual, grupos psicoeducativos y de apoyo entre iguales, así como intervenciones que trabajan el vínculo madre-bebé, las habilidades de lectura de señales del niño y apoyo en la crianza. Estas intervenciones han evidenciado que, cuando existe un apoyo integral, se promueve una mayor estabilidad familiar y mejora significativamente la experiencia de la maternidad. Si los programas especializados en España ya son limitados, los recursos específicos dirigidos a la salud mental perinatal lo son aún más. Actualmente, uno de los pocos recursos especializados es el Hospital de Día Madre-Bebé del Hospital Clínic de Barcelona, un recurso para madres con trastornos mentales que acaban de tener un hijo. Este recurso es pionero en el Estado y tiene como objetivo favorecer un espacio terapéutico confortable que permita la continuidad de la atención de la madre y del bebé, favoreciendo el vínculo y el cuidado, así como la prevención, detección y la intervención de los TMG mediante el uso de tratamientos especializados en las patologías mentales perinatales. Visibilizar esta realidad es fundamental para avanzar hacia modelos de atención más sensibles, integrales y libres de estigma, que acompañen a estas mujeres en su maternidad sin cuestionar su derecho a ejercerla, proporcionando los apoyos necesarios para que puedan desarrollarla con seguridad, dignidad y bienestar. Referencias Ríos, R. R., Tato, M. N., Otero, S. P., Loureiro, S. M., Álvarez, S. G. L., Castiñeira, M. C., & Otero, M. D. C. V. (2016). Maternidad y trastorno mental grave. Norte de Salud Mental, 14(55), 55-65. National Institute for Health and Care Excellence. (2014, updated 2020). Antenatal and postnatal mental health: Clinical management and service guidance (CG192). https://www.nice.org.uk/guidance/cg192 Ayesa-Arriola, R., Parás, C., & Díaz-Pons, A. (2025). Motherhood and Childhood in the Context of Mental Illness: A Narrative Review. Women, 5(3), 26. Sharma, V., & Mazmanian, D. (2021). Searching the puerperal trigger of bipolar disorder. Bipolar Disorders, 23(5). Alderdice, F., & Kelly, L. (2019). Stigma and maternity care. Journal of Reproductive and Infant Psychology, 37(2), 105-107. Hospital Clínic de Barcelona. (2018, 20 de marzo). El Clínic pone en marcha un Hospital de Día para madres con trastornos mentales que acaban de tener un hijo. https://www.clinicbarcelona.org/noticias/el-clinic-pone-en-marcha-un-hospital-de-diapara-madres-con-trastornos-mentales-que-acaban-de-tener-un-hijo
osteguna, 05 martxoak 2026 08:21
Lenguaje y estigma en salud mental: el aporte de las voces con experiencia vivida en grupos focales
Categorías: La actividad en el Creap , Día a día en el Creap , Artículos Científicos , Contenidos especializados , Salud Mental
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , estigma , investigación , lenguaje inclusivo , empoderamiento , gestión del conocimiento , divulgación , sensibilización
ESTIGMA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autor: Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. El estigma vinculado a la salud mental sigue representando un desafío significativo para los procesos de recuperación, la integración comunitaria y la participación de las personas en su entorno social. Se entiende por estigma la asignación de una marca, etiqueta o rasgo negativo a un individuo o a un grupo social. Esta atribución suele asociarse a aspectos negativos y generan actitudes y comportamientos adversos respecto a la persona estigmatizada, creando un ambiente de exclusión y evitación. Aunque el estigma constituye un fenómeno complejo, su origen suele estar vinculado a creencias culturales, estereotipos consolidados y construcciones sociales que se han perpetuado a lo largo del tiempo. Dentro de este proceso, el lenguaje desempeña un papel determinante. Las palabras que utilizamos no son neutrales: pueden reproducir y fortalecer prejuicios o, por el contrario, contribuir a eliminarlos. Por esta razón, el uso responsable del lenguaje resulta esencial para evitar la reproducción de actitudes discriminatorias y promover una mirada más respetuosa hacia la salud mental. El impacto del lenguaje en la construcción del estigma El lenguaje que empleamos desempeña un papel fundamental en la construcción de significados sociales: tiene la capacidad de moldear percepciones, reforzar creencias existentes y orientar comportamientos. En el ámbito de la salud mental, determinadas expresiones han contribuido históricamente a transmitir visiones simplificadoras, centradas en el diagnóstico e incluso deshumanizadoras. Etiquetas como «enfermo mental» o expresiones que criminalizan, infantilizan o desvalorizan a las personas pueden: Reducir la identidad de la persona a un diagnóstico clínico Distorsionar la percepción de sus capacidades y potencial Interferir en su proceso de recuperación y en su bienestar emocional Reproducir estereotipos negativos presentes en el imaginario social Asimismo, el impacto del lenguaje no se limita a la esfera pública. Las personas que conviven con un problema de salud mental pueden interiorizar estos mensajes, lo que influye directamente en la manera en que se perciben a sí mismas y en cómo interpretan su propia experiencia. Este proceso puede contribuir al autoestigma, debilitando la autoestima y dificultando la participación social plena. Los grupos focales: una herramienta clave para comprender el lenguaje y el estigma Para analizar en profundidad cómo se construye el estigma, qué papel desempeña el lenguaje y cómo viven este proceso las personas afectadas, los grupos focales se convierten en una metodología especialmente valiosa. ¿Qué es un grupo focal? Un grupo focal es una conversación guiada entre un conjunto de personas que comparten una experiencia común o conocimientos relevantes. El diálogo se desarrolla a partir de preguntas previamente estructuradas y permite explorar percepciones, opiniones y significados desde una perspectiva colectiva. ¿Por qué son fundamentales en salud mental? En el estudio del estigma y del uso del lenguaje, los grupos focales permiten: Conocer cómo perciben las propias personas el impacto de un programa o intervención Identificar aspectos positivos que pueden potenciarse y elementos que requieren mejoras Comprender el significado real que tienen ciertas palabras y expresiones dentro de la experiencia vivida Favorecer la participación activa de las personas con problemas de salud mental en los procesos de investigación, diseño e implementación de intervenciones. La inclusión de las voces de quienes viven el estigma en primera persona garantiza que las propuestas resultantes sean respetuosas, realistas y adaptadas a las necesidades del grupo. Modelo pionero en el Creap El Creap está desarrollando un modelo pionero de investigación del estigma en salud mental, poniendo el foco en algo tan cotidiano, pero a su vez tan importante, como el lenguaje. Para ello ha creado un Grupo Focal en el que las personas con experiencia vivida no participan solo como informantes, sino como parte activa del proceso: ayudan a definir los temas a tratar, revisan el material y reformulan las preguntas que guiarán la investigación. Esta manera de trabajar supone un cambio importante, porque reconoce que quienes han vivido el estigma en primera persona son quienes mejor pueden explicar cómo les afectan las palabras y qué cambios son necesarios para avanzar hacia un trato más justo y respetuoso. Lo que hace pionero a este modelo es que no se limita a estudiar el estigma a través del lenguaje, sino que busca transformarlo desde sus raíces. Las primeras sesiones del grupo han servido para revisar el lenguaje presente en cuestionarios y escalas de evaluación, detectando expresiones que pueden resultar deshumanizadoras o que perpetúan estereotipos. A partir de ahí, el equipo del Creap trabaja para proponer alternativas más respetuosas y ajustadas a las realidades de las personas. El centro muestra así que investigar también puede significar escuchar, aprender y generar cambios concretos. Su apuesta combina rigor científico con participación real, y demuestra que incluir las voces de quienes conviven con un problema de salud mental es clave para construir una sociedad más inclusiva y consciente del poder de las palabras y de la importancia de luchar contra el estigma. Conclusión El estigma en salud mental no desaparece únicamente con información: requiere una revisión profunda del lenguaje que utilizamos, de las prácticas sociales que lo sostienen y de las experiencias de quienes lo viven directamente. Integrar grupos focales en este proceso no solo aporta información valiosa, sino que promueve la participación, empodera a las personas y permite avanzar hacia un enfoque realmente inclusivo y respetuoso. Contenido relacionado El estigma en salud mental El estigma en salud mental: Tipos y efectos en la persona con experiencia vivida (1ª parte) El estigma en salud mental: Tipos y efectos en la persona con experiencia vivida (2ª parte) La figura del agente de apoyo mutuo en salud mental
asteartea, 24 otsailak 2026 10:50
Los procesos subyacentes: la metacognición
Categorías: Artículos Científicos , Trabajo en Red , Contenidos especializados
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , estigma , investigación , enfermedad mental , acompañamiento terapéutico , rehabilitación psicosocial , divulgación , adherencia al tratamiento
REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autores: Carlos Rebolleda Gil. Psicólogo del Centro de Rehabilitación Psicosocial de Aranjuez y referente de investigación de la Línea de Rehabilitación Psicosocial de Hermanas Hospitalarias. Alfonso Barrós-Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. Introducción Uno de los objetivos que se abordan desde los recursos de rehabilitación con algunas de las personas usuarias que se atienden, es el que tiene que ver con la denominada «conciencia de enfermedad». Aunque este es un constructo complejo y difícil de definir, la comunidad científica parece haber llegado al consenso de que está compuesto por tres factores que ayudan a comprenderlo y operativizarlo. Factores que intervienen en la «conciencia de enfermedad» El primero de ellos, es la capacidad de la persona con un Trastorno Mental Grave (TMG) para asumir que presenta una patología de estas características; el segundo, la conciencia acerca de que dicha problemática precisa de un tratamiento (tanto farmacológico como rehabilitador); y , por último, estaría la capacidad para asociar los síntomas con los que la persona convive al propio trastorno, y la conciencia de que estos afectan e interfieren sobre su funcionamiento y calidad de vida. Si asumimos cierto consenso teórico al constructo de conciencia de enfermedad, nos podemos preguntar ahora si el concepto es suficientemente homogéneo en su operacionalización en la práctica clínica. Aunque desde los recursos de rehabilitación es frecuente encontrarse con usuarios que están bien orientados en esas tres esferas y que , por lo tanto, se podría decir que muestran «una buena conciencia de enfermedad» , también hay otros que presentan una «conciencia parcial» o «nula conciencia», lo cual, de forma habitual, lleva a que en los Planes de Rehabilitación se plasmen objetivos que tengan que ver tanto con la conciencia como con el conocimiento sobre la problemática psiquiátrica concreta que posee el usuario en cuestión. Por lo tanto, son frecuentes las intervenciones centradas en que la persona se plantee hasta qué punto lo que le ocurre se puede deber a la presencia de un trastorno psiquiátrico, la importancia de tratarlo, o el correcto reconocimiento y atribución de síntomas a la problemática. Por supuesto, siempre desde una perspectiva basada fundamentalmente en la entrevista motivacional y la psicoeducación, evitando la confrontación directa que, como ya se sabe, generalmente trae consigo un efecto paradójico por el que la persona puede terminar aferrándose aun con más fuerza a su idea de que no presenta ningún tipo de problemática y que, por lo tanto, no necesita ningún tipo de tratamiento. Esto puede llevar a la duda contagiosa en el ejercicio profesional sobre en qué medida la conciencia de enfermedad es deseable y beneficiosa para la persona, y si podemos asumir una relación de contigüidad entre dicha conciencia, el bienestar y la recuperación de la persona. La Metacognición Si bien, este concepto y sus tres componentes forman parte de un constructo mucho mayor, más complejo y global al que se denomina Metacognición. Este, generalmente se define como «la cognición sobre la cognición» o «el conocimiento sobre el conocimiento», es decir, el nivel de conocimiento y conciencia que tiene la persona acerca de cómo funciona su propia psique, pero no solo desde la perspectiva meramente cognitiva, sino también desde lo emocional, algo que, a su vez, también se hace extensible al conocimiento y conciencia que tiene la persona acerca de cómo funcionan las cogniciones y emociones de los demás. Aunque más relacionado con los trastornos psicóticos, diferentes investigadores han ayudado a hacer más comprensible este constructo, el cual estaría integrado por cuatro factores. Factores que integran la metacognición Al primero de ellos lo denominan autorreflexión, y se relaciona con la capacidad del individuo para comprender los propios pensamientos y emociones, y de esta forma, generar una autorrepresentación precisa. El segundo, sería la comprensión de lo que implica el otro, que hace referencia a la capacidad del sujeto para poder elaborar cogniciones sobre las emociones (empatía cognitiva) y estados mentales de otros (teoría de la mente). Al tercero, le denominan decentración, y tiene que ver con la capacidad del sujeto para distinguir entre sus propios planes y los del resto, por tanto, conlleva la noción del sujeto acerca de que los demás pueden tener planes y comportamientos que no están necesariamente relacionados con los suyos propios. El cuarto y último, es el denominado afrontamiento metacognitivo, que se asocia a la capacidad del sujeto para, por un lado, reconocer sus propios problemas psicológicos y, por otro, encontrar métodos de afrontamiento adecuados destinados al manejo o a la solución de los mismos. Es a partir de aquí cuando el profesional de la rehabilitación psicosocial, de la recuperación, quizá debería plantearse si estos factores se trasladan a su práctica profesional en intervenciones que, si estructuradas, son eficaces, eficientes y efectivas para la fenomenología del TMG. A este nivel, es preciso señalar que ya son innumerables los estudios que han corroborado una y otra vez el hecho de que uno o varios de estos factores pueden estar afectados en mayor o menor medida, ya no solo en los trastornos del espectro de la psicosis, sino en personas que presenten cualquier tipo de TMG. Como puede deducirse de la propia definición del constructo y los cuatro factores que lo integran, afectaciones a este nivel pueden traer consigo un gran número de dificultades en la vida de la persona que las presenta, ya no solo en cuanto al hecho de hacer una representación precisa de su funcionamiento, dificultades, necesidades, planes y acciones a llevar a cabo, sino también en cuanto a poder hacer dichas representaciones en el caso de las personas que le rodean. Por suerte, hoy en día se cuenta con instrumentos de evaluación y programas de intervención validados científicamente, los cuales pueden ser muy útiles para ayudar a los usuarios que lo necesiten a mejorar sus capacidades metacognitivas. A partir de aquí, quizá nos deberíamos plantear cuestiones como: ¿existen otros modelos de conciencia de enfermedad? ¿Qué planteamiento es más adecuado para la persona usuaria? ¿Podemos establecer un nivel «suficiente» de conciencia de enfermedad? ¿Y de metaconciencia? Al trabajar la conciencia de enfermedad, ¿puede afectar negativamente a la persona, por ejemplo, incrementando el autoestigma? Contenido relacionado Los procesos subyacentes: La cognición social Los procesos subyacentes: Las funciones neurocognitivas Rehabilitación psicosocial: Diálogos entre frente y retaguardia Ciencia y humanidad en la intervención
osteguna, 29 urtarrilak 2026 08:41
El lenguaje y la salud mental
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: salud mental , trastorno mental grave (tmg) , estigma , exclusión social , divulgación
ESTIGMA | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autor: Víctor González Ayuso. Psicólogo investigador. Área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U. Las personas nos definimos según múltiples aspectos de nuestra vida: la edad, el empleo, las relaciones sociales, el estilo de vida… Es por ello, que si empleamos el término de enfermedad mental, se simplifica y reduce la identidad de una persona a una circunstancia de su vida. Se centra la atención en el problema de salud mental y queda en un segundo plano la experiencia, los logros y el resto de aspectos que conforman a la persona. Es importante mencionar que, aunque en un primer momento puede parecer que el término enfermedad mental parece ser neutro, lo cierto es que lleva asociado estereotipos negativos que acaban vinculándose a la persona y favoreciendo el proceso de estigmatización. Para evitar esta terminología estigmatizante, se pueden emplear términos como: personas con problemas de salud mental, personas con experiencia vivida o personas con trastorno mental; mostrando de esta forma el problema de salud mental como una circunstancia más de la persona. El lenguaje y la salud mental El papel del lenguaje en la formación y perpetuación del estigma es vital. Las palabras que empleamos tienen un peso significativo y pueden contribuir a reforzar comportamientos y las actitudes negativas. En salud mental, algunas frases pueden tener un impacto perjudicial sobre las personas, victimizando, criminalizando e incluso tergiversando a la persona con afección de salud mental, como por ejemplo el término suicidarse. Este tipo de lenguaje puede generar en la persona sufrimiento y sentimientos peores que los propios síntomas experimentados por el propio problema de salud mental. Además, los términos empleados para describir un problema de salud mental pueden ser percibidos de forma desagradable al llevar implícitas connotaciones negativas. Términos como enfermedad mental, pueden devaluar a la persona, reducirla a una etiqueta y afectar a su bienestar y proceso de recuperación. Los sistemas de clasificación como el CIE y el Manual DSM emplean términos que pueden ser estigmatizantes para algunas personas con experiencia vivida debido a las tendencias y comportamientos negativos implícitos en esos diagnósticos. Sin embargo, los diagnósticos son necesarios para la comunicación de: los profesionales de salud mental, las personas con problema de salud mental, para la familia y las instituciones. El etiquetado como pérdida de poder social El estigma puede ser entendido como un proceso social complejo, compuesto por varios niveles. Estos niveles incluyen el etiquetado, el estereotipado, la pérdida del estado y la discriminación en contextos donde existe una desigualdad de poder. El etiquetado es un proceso clave en la formación de estigma. Se refiere al proceso de identificar y resaltar las diferencias significativas humanas desde una perspectiva social. En este contexto se utiliza el término etiqueta, en lugar de atributo o marca, para referirse a aquellas características asociadas a estereotipos negativos que pueden conducir a la estigmatización de ciertos grupos sociales. Recordemos que el estereotipo es el componente cognitivo del estigma y esta formado por estructuras de conocimiento sociales. Estas creencias generalizadas, asociadas a atributos negativos, son atribuidas a las personas que forman parte de un grupo, en forma de etiqueta, experimentando una perdida de estatus social y pudiendo ser objeto de discriminación. La perdida del estatus social y la discriminación son unas de las consecuencias más perjudiciales relacionadas con el estigma. Las personas estigmatizadas pueden ser excluidas de las oportunidades sociales y económicas, lo que puede producir problemas de marginación y desigualdad. Generando un impacto negativo en la salud física y mental de la persona. En nuestra sociedad, se suele observar a menudo una división entre grupos, empleando expresiones como nosotros y ellos. Esto genera la creencia de que las personas etiquetadas son diferentes de aquellas que no lo están. Pongamos un ejemplo: Las personas que son diagnosticadas de esquizofrenia, son etiquetadas de esquizofrénicas en vez de personas que padecen un problema de salud mental. Esta etiqueta, en lugar de describir su condición se convierte en su identidad, creando una barrera entre ellos y nosotros. Sin embargo, es importante mencionar que resulta más complicado que se generen desventajas y marginación cuando los estereotipos negativos se producen sobre las personas con mayor poder. Es decir, cuando las acciones de discriminación ser producen de los grupos de menor poder no se generan los procesos de estigmatización. Por lo tanto, el lenguaje y el etiquetado generan divisiones innecesarias en nuestra sociedad, las cuales es fundamental superar para promover la inclusión y la igualdad. Además, el uso de un lenguaje correcto y adecuado para referirse a las personas con problemas de salud mental puede ser importante para reducir el proceso de estigmatización y mejorar la calidad de vida, la sensación de bienestar, así como mejorar el proceso de recuperación y rehabilitación de las personas con experiencia vivida. Bibliografía Gaebel, W., Rössler, W., Sartorius, N. (Eds.). (2017).The stigma of mental illness-end of the story?(Vol. 25699). Cham: Springer International Publishing. Fábregas, M. (2019). Guía de estilo sobre salud mental para medios de comunicación: las palabras sí que importan: Comunicar sin prejucios depende de ti. Confederación Salud Mental España. Thornicroft, G., Sunkel, C., Aliev, A. A., Baker, S., Brohan, E., El Chammay, R., ... Winkler, P. (2022). The Lancet Commission on ending stigma and discrimination in mental health.The Lancet, 400(10361), 1438-1480.
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